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33° domingo ordinario
Explicación :
En la parábola de Mateo, cada empleado recibe una cantidad de talentos de plata. El talento es una cantidad de dinero, pero también lo que es pesado, el platillo de una balanza. Los talentos confiados representan pues a la vez el dinero que cada uno debe hacer fructificar y lo que va a servir para probar, para pesar sus capacidades.
La respuesta del dueño al tercer empleado le demuestra que no comprendió el significado del depósito confiado : el don recibido crea una responsabilidad.
Velar en espera del retorno del Señor, significa para el creyente - según la perspectiva de Mateo- hacer fructificar el don de Dios, hacer efectiva la llegada de su Reino.
Meditación :
La parábola que cuenta Jesús en el evangelio de Mateo responde a la cuestión : ¿cómo velar ? El punto de partida muestra a un dueño que al irse de viaje confía a sus empleados una verdadera fortuna. El depositario de un único talento tiene en mano el equivalente de más de quince años de salario de un obrero. Esto es, por parte del dueño, un acto de confianza sin límite, pero lúcido : deja completa libertad a sus empleados en cuanto a la gestión de estas cantidades y les diferencia con arreglo a las capacidades de cada uno. Todo se pone en juego ante la experiencia de la ausencia del dueño : ¿ que van a hacer los depositarios de tal tesoro ?
En ausencia del dueño, en seguida los dos primeros empleados se arriesgan en operaciones que les permiten doblar el capital. El tercer servidor se limita a ser prudente ; según el derecho en la sociedad judía de la época, enterrar un depósito equivalía a tener un máximo de seguridad que eximía al depositario de sus responsabilidades.
El primer empleado, haciendo suyos los bienes confiados, actuó mas como socio que como empleado de su dueño. El dueño reconoce que esta actitud tiene su mérito. Habla de “lo poco” que hizo el servidor, no para minimizar su mérito, sino para poner de relieve - por contraste - la promoción a la cual va a acceder. Incluso va a entrar en la alegría de su señor : en sentido profundo, entendemos que se trata de una participación plena del reino de Dios ; en sentido concreto, esta alegría es la del banquete : el afortunado elegido pasa del estatus de empleado al del comensal de su señor.
Llega el segundo empleado. El relato insiste en el hecho de que las cantidades confiadas eran diferentes, pero no la recompensa, porque cada uno actuó según sus capacidades.
La tormenta estalla con el tercer empleado. Alega haberse sentido paralizado por la dureza del dueño. A diferencia de los otros dos, este empleado no hizo suya la preocupación por los bienes del dueño. Este último responde con una finura cruel : conocías mi pretendida rapacidad temías invertir. ¡ Sea ! Pero había un banco que me habría producido intereses : así habrías satisfecho mi avidez evitando las responsabilidades que tanto te asustan. Este hombre es despojado de su talento y entregado al eterno castigo , porque no actuó de manera coherente. El Señor no tiene nada de un dueño exigente : confía a los suyos todas las riquezas del Reino. ¿Cómo pueden algunos olvidar que a esta confianza corresponde la exigencia de una actitud responsable digna de los dones recibidos ?
Ante de Dios comparecerán dos tipos de personas : la que tiene, portador del capital de su fidelidad activa, y la que no tiene nada, que no produjo nada y será despojada incluso de los méritos en que pensaba poder confiarse. El empleado expulsado no había hecho nada mal, lo peor es que no hizo nada. Por ello el evangelista utiliza el lenguaje de los negocios : en la vida cristiana no bastan la piedad y los buenos sentimientos buenos !hay que actuar !.
El Reino no será plenamente instaurado hasta la venida final de Cristo ; pero su presencia diaria ahora está en manos de aquellos a quienes el Señor confió sus dones. Sintámonos responsables de lo que nos ha sido entregado ...
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