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Trinidad

- Explicación

El drama que el Evangelio de Juan cuenta tiene una dimensión cósmica. La llegada de Jesús abre un paso hacia el Padre para los que están en el mundo. Porque el Padre envió a su Hijo no para juzgar el mundo sino para salvarlo. Esto da lugar a una fisura entre los que creen en la palabra de Jesús y los que lo niegan. Por eso el Evangelio dice que los primeros no son de este mundo ; el Padre los sacó del mundo. Los segundos, en cambio, son de este mundo.
Jesús reza por los que ya no pertenecen a este mundo, aunque permanecen en él, para que sean liberados del mal y santificados en la verdad.

- Meditación

Jesús, verdadero hombre, levanta la mirada al cielo y ruega : Padre... Glorifica a tu hijo... Así se expresa el amor del Padre para el Hijo, como el Hijo expresó el proyecto del Padre en la historia de los hombres. Dio a conocer al Padre, único Dios verdadero, origen de todo don. El Padre le hizo el don más grande que podía hacerle : le entregó los hombres. Los hombres guardaron fielmente la palabra del Padre ; es decir, permanecieron arraigados en Cristo, el Verbo de Dios. Recibieron la palabra - es la dimensión de la fe - y reconocieron - es la dimensión del amor-. Por ello, el hombre es capacidad de fe y capacidad de amor.
Sin embargo el hombre no actúa siempre según el amor, la verdad, la bondad. Para que Dios se manifieste en la vida de un hombre, debe trabajarse a sí mismo. Debe pasar del mundo al Padre lo cual requiere un trabajo de purificación de los sentidos para arrojar de uno mismo toda envidia, venganza, pereza, egoísmo... El amor no es generado por el hombre : es Dios quien se lo ha dado para ir hacia Él. Por consiguiente, el hombre debe liberar el amor.
Es para nosotros una llamada, ya que queremos verdaderamente experimentar a Dios, ser conscientes de que nuestra vida es historia de salvación. Hay que arrancar todo lo que imposibilita el amor, de lo contrario la opacidad de nuestro ser impide que Dios se manifieste. El misterio de la Trinidad se expresa a través de nosotros, cuando nos sentimos surgir del Padre, identificado con Hijo, impulsado por el Espíritu. El reto es grande : liberar la vida divina en nosotros, vivir nuestra historia y siempre volvernos hacia Dios para continuar viviendo en el mundo
El más pequeño gesto de amor nos introduce en la Trinidad, en la eternidad. Debemos tener la humildad y la esperanza de reconocer que el principal actor es el Espíritu y que no somos sino sus colaboradores. Pidamos pues la gracia de dejarnos conducir por él para entrar en el intercambio de amor, que es Dios.

- Señor, tú estás siempre en nosotros y con nosotros, siempre presente. Pero no estamos plenamente en ti ; porque también tenemos tendencia a replegarnos en nosotros mismos .... ... Por la acción del Espíritu, purifícanos ... haznos partícipes de tu llama de amor ardiente como Padre e Hijo en el Espíritu.
Sí, que la gracia del Señor Jesús, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo, estén con todos nosotros

© Sr Sophie Ramond, r.a.

01/12/2007
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