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2° Domingo ordinario
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La palabra de explicación
La referencia al Cordero puede tener tres fundamentos en el Antiguo Testamento :
Ya sea la figura del siervo doliente que lleva sobre él la condición pecadora de la gente (Isaías 53, 7 : como cordero llevado al matadero, como oveja ante de los que la esquilan) y en este caso Juan vería en Jesús la figura del Siervo doliente que lleva sobre él la condición pecadora de la gente ;
ya sea el Cordero inmolado del Apocalipsis (Ap 5, 9), capaz de salir vencedor contra el pecado ;
ya sea el cordero pascual (Ex 12), ya que - según Jn 19, 4 - Jesús es condenado a la hora en que los sacerdotes comienzan a sacrificar a los corderos para la fiesta de Pascua.
Meditación
El evangelista Juan da una versión totalmente peculiar del bautismo de Jesús ya que es Juan Bautista quien ve al Espíritu descender y posarse sobre Jesús. Sus ojos de carne ven a un hombre : detrás de mí viene un hombre, dice ; pero la revelación de Dios le permite ver en Jesús al Hijo de Dios. Juan Bautista da a la vez testimonio de que Jesús es el Cordero de Dios, el que preexiste, el Hijo de Dios lleno del Espíritu Santo.En cuanto testigo, su autoridad procede de Aquel que le ha enviado : yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo : ’ el hombre sobre quien veas bajar al Espíritu y permanecer sobre él, ése es el que ha de bautizar en el Espíritu Santo ’.
Jesús es pues revestido del Espíritu Santo, lo que confirma su estatus mesiánico y profético de portavoz divino. El Espíritu, en efecto, es el soplo de Dios, la fuente de la vida y la condición de la palabra. Estar habitado por el Espíritu santo, conlleva la condición de profeta y de Mesías. Pero Juan Bautista va más lejos empleando el verbo permanecer que en la lengua joánica designa al vínculo más fuerte de permanencia mutua y recíproca.
El Siervo es comparado en Isaías al cordero que carga con el pecado del mundo, con la violencia bajo todas sus formas ; Cristo, el Cordero de Dios, quita el pecado del mundo. Como el Siervo de Isaías, Jesús traspasará el mal del que es víctima sin conmutarlo en violencia. De esta manera la cruz revelará la verdad de Dios en cuanto a la violencia : libremente y por amor, Jesús transforma el mal que padece en el lugar de entrega, prefiriendo más bien ser víctima de la violencia que aumentar el engranaje del mal. En su muerte, Jesús manifestará que Dios da a su Hijo el poder de vencer el mal. Y lo característico del Espíritu de Dios es dar fuerza para ello. Por eso en el Evangelio de Juan, esta última irrupción del poder del mal en el momento de Pasión, es anunciada ya desde el episodio del bautismo. En el corazón de Jesús se va a dar un combate entre el poder de las tinieblas y el Espíritu del Padre ; combate del que Juan Bautista ya proclama que saldrá vencedor, porque el Espíritu del Padre reposa sobre él.
El texto de Isaías que nos propone la liturgia esclarece la misión de Jesús : conducir a la humanidad hacia Dios. La salvación de Dios debe alcanzar hasta los confines de la tierra, llegar a todos los seres humanos. La victoria de Jesús sobre el mal y sobre la muerte es tambien posible para todo ser humano : el Hijo de Dios sobre el que descendió el Espíritu, es el que ha de bautizar en el Espíritu Santo’.
Te damos gracias Señor por el don de tu Hijo y porque en él han sido vencidos el mal y la muerte. Con la fuerza del Espíritu, concédenos emprender en nuestros propios corazones ese combate contra las tinieblas y enséñanos a amar como amas tú...
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