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Domingo 2° de Cuaresma
Explicación
Pedro reconoció a Cristo (16, 16) ; sobre la montaña de la transfiguración la voz de Dios invita a escuchar a su Hijo (17, 5). Esta voz confirma el anuncio de la Pasión de Jesús : la glorificación del Mesías se realiza a través de su sufrimiento.
La escena tiene la resonancia de las teofanías del Antiguo Testamento : se sitúa sobre una montaña en presencia de Moisés y en presencia de Elías, que se habían encontrado con Dios sobre el Sinaí (Horeb). Seis días después (17, 1) parece recordar a Ex 24, 16 donde la nube envuelve al Sinaí durante seis días, y es sólo al día siguiente cuando Dios llama a Moisés. Pedro, propone prolongar la experiencia plantando tres tiendas, de la misma manera que fue plantada la Tienda después de la experiencia del Sinaí (Ex 25-27 ; 36-38).
Meditación
La pregunta de confianza, hecha por Jesús a sus discípulos en Cesarea, marcó un giro en la revelación que Jesús hace su misión. Pedro profesó que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Por la gracia de Dios, él es la roca sobre la cual Jesús edificará su Iglesia, una Iglesia sobre la que ni siquiera prevalecerán las puertas del infierno. De camino hacia Jerusalén con sus discípulos, Jesús reitera el anuncio de su Pasión. Así como Pedro ha sido exaltado a causa de su profesión de la fe, así también es amonestado porque rechaza la idea del sufrimiento de Jesús en el anuncio de su Pasión. En la escena de la transfiguración - escena de revelación donde Pierre está todavía presente - la voz, desde la nube, repite lo que había dicho al bautismo : Jesús es el Hijo amado, en quien el Padre se complace. Y añade una orden precisa : escuchadlo ¿ Qué se debe escuchar ?
Pedro se equivoca sobre la interpretación de la escena a la cual asiste : Jesús transfigurado en conversación con Moisés y Elías, el primero y último de los profetas. Según la esperanza de Israel puesta en tiendas eternas, Pedro quisiera anticipar el futuro y verse instalado en estas tiendas de los últimos tiempos. Entonces la voz del Padre le recuerda - y nos recuerda - que conviene escuchar lo que Jesús acaba de anunciar, a saber el anuncio de su Pasión y Resurrección y las condiciones para hacerse discípulos.
El evangelio nos plantea también a nosotros, y de manera radical, la cuestión de saber qué lugar ocupa la cruz en nuestras vidas y cuál es nuestra fe en la resurrección. Orientados hacia la promesa de la resurrección, que Jesús anuncia de nuevo a los discípulos al bajar de la montaña de la revelación para regresar al terreno de lo cotidiano, ¿estamos dispuestos a tomar nuestras cruces, el peso del mal padecido por el pecado de otros y el peso del propio pecado ? A causa de la fe en la promesa de vida, ¿estamos dispuestos como Abraham a vivir rupturas, a arriesgarnos, a asumir nuestras angustias y nuestros límites, nuestros defectos y nuestras incapacidades ? En el fondo, san Pablo lo había comprendido bien, él que invita, con la fuerza de Dios, a participar del sufrimiento por el anuncio del Evangelio.
Pidamos unos para otros esta gracia de la esperanza incluso cuando el sufrimiento y la alegría coexisten en nuestras vidas. Pidamos que la fe en la resurrección aleccione nuestra vida presente, oriente nuestras opciones, estimule nuestro combate contra el mal en nosotros y en nuestro rededor. Pidámosle con fuerza y por qué no asociándonos a las palabras del salmo responsorial : Dios vela sobre quienes le temen, sobre los que esperan en su amor, para librarles de la muerte, sostener su vida en tiempos. Nuestra alma espera en el Señor : él es muestro apoyo y escudo. ¡Sea tu amor, Señor, sobre nosotros como está en Ti nuestra esperanza !
Remonter
