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Domingo 1° de Cuaresma
La palabra de explicación :
Las tres tentaciones están estructuradas según el mismo modelo : palabras de Satanás ; respuesta de Jesús apelando a la Escritura. Las respuestas de Jesús están sacadas del Dt 8, 3 ; 6, 16 ; 6, 13 : el orden de estas citaciones es debida a una serie de acontecimientos relatados en el Éxodo donde Israel se ve sometido a tentaciones : el Maná (Ex 16) ; el milagro del agua (Ex 17, 1-7) ; el becerro de oro (Ex 32). Jesús cumple la Palabra divina : se niega a hacer milagros por su propio interés (Dt 8, 3 citado a v. 4), rechaza venerar al Príncipe de este mundo para ejercer la realeza universal (Dt 6, 13 citado a v. 8) y se resiste a utilizar su poder de Hijo de Dios para protegerse y seducir mediante prodigios (Dt 6, 16 citado a v. 12).
Meditación :
En el bautismo el Padre reveló a Jesús su identidad y su misión. Jesús debe vivirlas según el Espíritu del Padre, que había recibido. Es conducido al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. El Espíritu pone le pone a prueba. De hecho, en griego, el mismo verbo puede traducirse por tentar o probar. Entonces surge el tentador que prueba a Jesús en su calidad de Hijo de Dios. El diablo intentará inducirlo en la confusión, al igual que lo hiciera la serpiente con el hombre y la mujer en el jardín de Edén, respecto al mandato divino (Gn. 3, 1-5). En el corazón de Jesús se inicia un duelo entre el Espíritu y la confusión diabólica.
Jesús, después de ayunar, sintió hambre. La tentación consiste en insinuar a Jesús, puesto que es el Hijo de Dios, que transforme las piedras en pan. En el desierto, el pueblo había hecho provisiones del maná, don de Dios. Como el pueblo de Israel, Jesús se ve confrontado con la sensación de hambre, con la necesidad de comer. Pero allí dónde el pueblo sucumbió, Jesús resiste a la tentación utilizando como motivo la lección que el Deuteronomio sacó al leer la historia del pecado de Israel. De esta primera tentación aprendemos que el don de Dios puede ser causa de pecado...
Según la lógica sugerida por el diablo, si Jesús puede hacer milagros, lo normal es que los haga en provecho suyo. Pero Jesús rechaza que su condición divina le sirva para eludir el peso de la condición humana. Ciertamente hará milagros, pero para que los hombres puedan ser conscientes de la cercanía de Dios y de la salvación que desea para ellos. Puesto que nadie puede sustraerse a las dificultades, a las fuerzas del mal haciendo milagros, Jesús no lo hace por su propio interés. Este es también el motivo por el que no se tirará desde el pináculo del templo ni se arrodillará para adorar a Satanás, con el fin de dominar los reinos de la tierra.
En la segunda tentación, el diablo motiva su petición citando el Salmo 91. Jesús responde por una citación del Deuteronomio : No tentarás al Señor, tu Dios... En el desierto, el pueblo sediento se había querellado contra Moisés y contra Dios pidiendo un milagro. Había puesto a prueba a Dios requiriendo un signo para manifestar su presencia. Jesús responde tomando como motivo la historia del pueblo de Israel. Pero se niega a poner a prueba a Dios.
En la tercera tentación, de la misma manera que el pueblo antes de entrar en Tierra prometida, es tentado para adorar a otros dioses, Jesús es tentado, antes de su vida pública, de adorar Satanás. Lo mismo que el pueblo está tentado de ponerse bajo la protección de un dios extranjero, lo mismo Jesús es tentado de poner su vida pública bajo la protección de Satanás. Pero Él no quiere dar la salvación por la fuerza.
La invitación es la misma para nosotros : una invitación a no derivar la Palabra de Dios hacia nuestro interés, a no soñar con medios poderosos para dar consistencia a nuestras vidas. Es también una invitación a cuidar nuestra relación con el Padre, de modo que, cuando llegue la tentación, podamos afrontarla en Dios.
Podríamos quizá en este domingo, pronunciar con atención y fe las palabras del Padrenuestro : ’no nos dejes caer en la tentación... El sentido de esta petición está esclarecido por el texto de Getsemaní donde Jesús recomienda a los discípulos que, en el momento de la prueba, recen para no caer en tentación (26, 41). Debemos pedir a Dios que no nos dejemos llevar de manera irreversible por la tentación. En el duelo con el mal, cuya fuerza es opuesta al designio de Dios, el creyente no es solvente. Solo Dios es vencedor del mal ; al discípulo, le queda una oración confiada al Padre que le libra del Mal ...
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