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Domingo 1 de adviento

El texto de Isaías que la liturgia nos invita hoy a meditar comienza con una confesión de fe : Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es « Nuestro redentor ». Esta fe y este reconocimiento del Dios Salvador invita a implorarle : ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases.. ! Por cierto, el "nosotros" que se dirige a Dios reconoce también su pecado y la mancha del mal cometido, la espiral de la perversión y de la infidelidad. Son abundantes las imágenes para describir esta situación del pueblo : mancha y suciedad, sequedad, inconsistencia que hace que uno va como llevado por el viento...Pero esta descripción no expresa todo acerca del pueblo considerado también hijo querido por el Señor, arcilla maleable entre las manos del Dios creador. ¿ Podría el pueblo intentar que su lado positivo sobrepasara su carga negativa ? Sí, a condición que invoque a Dios, que se despierte para recurrir a El. Se trata de ese despertar que el texto describe : Vuelve..., le dice a su Padre y Redentor.

Sin embargo, para Jesús, en el bautismo, los cielos se abrieron para dar paso al Espíritu, y para nosotros, en Jesús, se rasgaron también. En él, Dios vino a nuestro encuentro y para ese tiempo de espera, nos dejó su Espíritu. ¡ Otro es quien actúa en nosotros y a través de nosotros, pero no sin nosotros ! Por ello, Jesús exhorta de manera apremiante a velar. El retorno del Señor sobrevendrá de improviso. Por lo tanto es en el tiempo presente cuando debemos preparar ese advenimiento. Es preciso velar sin cesar ya que no se trata de esperar un acontecimiento cualquiera ; se trata de esperar a alguien : Jesús. El encuentro con Aquel cuya venida gloriosa es cierta, se construye a partir de hoy, mediante una fidelidad humilde y cotidiana. La espera esta llamada a establecerse como un modo de vida, marcado a la vez por la aceptación de no dominar todo (ya que no se sabe el día ni la hora) y por una nueva identidad, la de hijos/as, ya que todo poder nos ha sido dado, como dice la parábola del evangelio. Esta identidad es corroborada por otra parte por la carta de san Pablo : el Dios fiel, que nos mantendrá firmes hasta el final entregará hasta el fin, nos llamó a vivir en comunión con su Hijo.

Es a nosotros que Jesús se dirige : Lo que os digo a vosotros lo digo a todos : ¡Velad ! Entremos pues con determinación en este tiempo de Adviento : para nosotros es tiempo de prepararnos a acoger el misterio de Dios hecho hombre, es tiempo de reanimar nuestra espera del retorno de Cristo en gloria. Que sea para nosotros tiempo de interioridad, de admiración ante el don de la cercanía de Dios, tiempo de intensificar de nuestro deseo ... Pero sobre todo puede que sea tiempo de consentimiento. Solos, nos encontramos radicalmente impotentes, limitados. Solos, no podemos ser quienes deseamos ser. Solos, no podemos alcanzar el ideal de vida que soñamos. Solos, nos sentimos desprovistos ante las dificultades de la vida, los sufrimientos de la gente... Necesitamos a un Salvador. Dios oye nuestros gritos y nuestras súplicas y vendrá visitarnos, si abrimos en nuestros corazones una brecha para acoger su gracia...

Sr Sophie Ramond
Francia

>> Evangelio para cada día

01/12/2007
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