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Día de la Ascensión
- Explicación
Siguiendo el esquema de un decreto real, el final del Evangelio de Mateo pone en labios de Jesús la declaración del poder universal que recibe del Padre, seguida por un envío en misión que manda a los once ir por el mundo y hacer discípulos de todos los pueblos, bautizándolos y enseñándoles a guardar todos los mandatos prescritos. Este envío va acompañado por la promesa de la presencia de Jesús, hasta el fin del mundo.
La fórmula bautismal que utiliza Mateo es trinitaria ; resume el Evangelio acerca del Padre lleno de bondad, de quien todos somos hijos (5, 45), del Hijo que revela al Padre y al que todo ha sido restituído (11, 27), del Espíritu, presencia activa en el corazón del hombre, que le permite luchar contra el mal (12, 28).
Meditación
Después de la resurrección de Jesús las mujeres recibieron la misión de ir a anunciar a los discípulos que estaba vivo y que les precedía en Galilea (28, 10). Los espera en esa región situada al norte, lugar de su vida diaria, que es también una región despreciada porque invadida por poblaciones paganas. Los discípulos van allí y al ver a Jesús se prosternan, con una fe mezclada de dudas (28, 17). La cercanía del Resucitado se experimenta en esta tierra de luchas, de impureza, al igual que se experimenta en sus corazones donde se da el combate entre la duda y la confianza. Sin embargo, Jesús no se deja derrumbar por la debilidad de los discípulos. Los envía en misión, para bautizar y enseñar, para invitar a acoger su mismo modo de ser y de actuar. (28, 19-20a.) Necesita a los discípulos para hacerse presente en el mundo ; a ellos les pertenece en lo sucesivo hacer discípulos, transmitir lo que recibieron. Además tienen la certeza de no estar solos : "yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. » (28, 19b.)
Esta llamada tiene también resonancia en nosotros. Cristo nos llama al mismo combate entre la duda y la confianza. No somos abandonados a nuestras propias fuerzas ; como dice san Pablo debemos creer en "la grandeza de su poder para con nosotros" (Efesios 1, 19). Dios necesita nuestro consentimiento para actuar en nosotros y, por nosotros, para actuar en el mundo. El Emmanuel, el Dios-con-nosotros, se revela en la historia de los hombres cuando las libertades humanas escogen dar testimonio del Reino con su palabra y sus obras. Una fidelidad humilde y un amor paciente, la salida de uno mismo para ir hacia los demás, constituyen al mismo tiempo experiencia y revelación de la cercanía del Señor e invitación a seguirle.
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