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4º Domingo ordinario

- La palabra de explicación

Bienaventurados. Las Bienaventuranzas son un discurso de revelación, que indica la absoluta gratuidad de la salvación de Dios. Expresan lo que Dios realiza para el hombre. No se trata de un programa de Dios condicionado por la decisión humana sino de un don ; no se trata de un código de conducta, sino de una llamada a una opción de vida fundamental. La salvación no se debe buscar sino acoger. La alegría anunciada en las Bienaventuranzas es el fruto del Espíritu : no es ligereza ni inconsciencia. Acompaña a quien acoge el don de Dios y a quien en el transcurso de los días, acepta caminar humildemente tras las huellas de su Dios.

- Meditación :

Las Bienaventuranzas son presentadas como el cumplimiento de la ley. La primera sirve sin duda de clave hermenéutica para las demás : el cristiano es el pobre en espíritu. Bajo la influencia profética (So 2, 3) el término pobre, humilde en el Antiguo Testamento había tomado un valor religioso : el pobre es el que pone su confianza en el juicio de Dios. La segunda bienaventuranza (v. 4) comenta la precedente a partir del Salmo 37, 11 : los pobres poseerán la tierra, gozarán de regocija de inmensa paz. El hebreo original de este salmo habla de pobres y la Septuaginta de manso : ambos adjetivos son sinónimos. Ésos poseerán la tierra prometida, entrarán en el Reino de los cielos. La tercera bienaventuranza (v. 5) evoca los afligidos, los que están en la prueba y esperan el consuelo divino. La cuarta bienaventuranza (v. 6) habla de hambrientos y sedientos de justicia : serán saciados por Dios. La quinta bienaventuranza (v. 7) hace el elogio de la misericordia : Dios concede misericordia a quien otorga misericordia. La misericordia, es el perdón entre hermanos, condición del perdón de Dios. Esta beatitud alaba pues a quien cumple lo esencial de la exigencia divina. La sexta bienaventuranza (v. 8) se inspira en el Salmo 23, 3-6 para el cual el hombre de corazón puro y manos inocentes tendrá acceso al Templo. Los corazones puros, son los corazones rectos, sencillos, cuyo comportamiento es coherente con las motivaciones profundas. La séptima bienaventuranza (v. 9) sobre los que trabajan por la paz evoca totalmente a todos los que trabajan para la reconciliación. Ellos serán llamados hijos de Dios, reconocidos por ser a semejanza suya. La octava bienaventuranza (v. 10) revela que misericordia, pureza, acción a favor de la paz y la reconciliación son toda obras de justicia. Pero tales actitudes suscitan oposición y persecución, porque revelan un Reino inaceptable para los violentos, para los que quieren dominar en el mundo. La novena bienaventuranza enuncia que en el momento en que el discípulo experimenta la alegría de ser asociado íntimamente con la Pasión del Cristo, entonces percibe que el Reino de los cielos ha llegado.
La enseñanza de Jesús tiene valor de revelación ; a partir de ahí la adhesión a su discurso es inseparablemente adhesión a su persona : las bienaventuranzas pueden ser aceptadas sólo por quien da su fe al que habla. A través de las bienaventuranzas, el creyente vuelve a recordar la vocación recibida, que es una vocación para la felicidad. Pero la invitación a la felicidad es una invitación exigente que pone en tela de juicio toda la existencia y la transforma. La invitación recibida compromete y sólo puede ser acogida en fidelidad y obediencia. La gracia no suprime la responsabilidad, la ha instaurado. Corresponde a cada uno interrogarse : ¿mediante qué decisión de vida voy a responder a la oferta gratuita de felicidad escatológica ? ¿Cómo voy a permanecer fiel a una liberación ya recibida ?

- Señor concédenos contemplar en Jesús mismo al hombre por excelencia de las Bienaventuranzas ; y que así aprendamos cuál es la condición del discípulo. San Pablo nos lo dice : has escogido lo necio, lo débil, lo sencillo y lo despreciado del mundo para revelarte. Para adherirnos a ti, concédenos la audacia de escoger los mismos medios pobres y débiles de Jesucristo.

© Sr Sophie Ramond, r.a.

01/12/2006
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