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3 domingo del advenimiento
La palabra de explicación :
¡Dichoso el que no se escandalice de mí ! ! Jesús enuncia con esto una bienaventuranza que expresa una exigencia, una actitud que hay que desarrollar. Feliz aquel que, oyendo y viendo los signos realizados por Jesús, no rechaza el proyecto de salvación de Dios, su compasión por la humanidad. No obstante esta exigencia está vinculada a un don : la Buena Noticia es anunciada a los pobres. El profeta Isaías anunciaba que Dios iba a sacar a su pueblo del exilio y daba los signos de su intervención : se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, y el mudo gritará de alegría ; una felicidad perpetua iluminará todos los rostros. Estos mismos signos son repetidos, en presente, por Jesús : dicen lo que realiza a favor del hombre. La actividad de Jesús manifiesta que la salvación ya ha sido otorgada ; es preciso acogerla.
Meditación :
Juan Bautista, que había lanzado severas exhortaciones al pueblo que se acercaba para recibir su bautismo (cf. 3, 7-12), parece que ahora se sorprende del comportamiento de aquel a quien reveló como siendo más grande que él (3, 11). Repitiendo una formula del Salmo 118, 26, pregunta si Jesús es el que debe venir.
Jesús envía a los discípulos de Juan a decir lo que oyen y lo que ven, los milagros que realiza. La lista de las obras realizadas repite las profecías del libro de Isaías : la curación de los sordos, de los ciegos y de los cojos (Is 35, 5-6) ; el anuncio de la resurrección (Is 26, 19) ; la evangelización de los pobres (Is 26, 19). En el libro del profeta Isaías no se alude a la purificación de leproso, sino a que el profeta Eliseo hizo ese milagro (cf. 2 R 5). La lista de las obras realizadas por Jesús culmina en el hecho de que los pobres, los pequeños son los destinatarios privilegiados de la Buena Noticia.
Jesús acaba su respuesta a Juan con una advertencia en forma de bienaventuranza : ¡Dichoso el que no se escandalice de mí ! Feliz el que a la vista de los signos realizados no se cierra para reconocer al Mesías.
Luego, dirigiéndose a la muchedumbre que se encuentra allí, Jesús define quién es Juan. No es una caña sacudida por el viento, un ser sin consistencia que cede bajo el peso de presiones diversas. No es un hombre vestido con lujo, cómodamente instalado y que goza de una situación privilegiada. No está del lado los reyes sino de los profetas, es decir los que tienen función de instancia crítica. A Él se aplica la profecía del último mensajero de Ml 3, 1 : he aquí que yo envío a mi mensajero para allanar el camino delante de mí y la del mensajero que abra el camino hacia la tierra prometida en Ex 23, 20 : he aquí que yo voy a enviar a un mensajero delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado. El es también Elías que debe volver : He aquí que os envío al profeta Elías antes que llegue el Día de Yahveh, grande y temible. Él hará volver el corazón de los padres a los hijos (Ml 3, 23-24).
La profecía de Isaías se cumple : Es Dios mismo quien viene y va a salvarnos. ¿Sabremos discernir los signos de esta salvación que está aconteciendo ? En un mundo donde lo que atrae son las noticias-sensación ¿Sabemos abordar a Dios en la oración como lo hace Juan con Jesús : dinos los signos de tu presencia ... ¿ Sabemos ponernos a la escucha de los demás y prestar oído a quienes anuncian la esperanza en todo y a pesar de todo ?
Señor, como nos invita Pablo, otórganos la gracia de danos la gracia de tomar como ejemplo de aguante y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor. Fortalece nuestra fe, consolida nuestra esperanza. Qué nuestro agradecimiento se eleve en acción de gracias ante de ti, porque tu amor y tu gracia manifestados en Jesús son definitivos.
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